Jueves 5 de marzo de 2026

«Estaba cubierto de llagas»

Jueves de la II semana de Cuaresma

ORACIÓN PREPARATORIA

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro.

¡Venga tu Reino!

Señor, gracias por este momento de calma e intimidad contigo. Ábreme los ojos, para que pueda verte y servirte siempre que vienes a mi encuentro en mis hermanos. María, que amaste a cada persona porque estabas llena del amor de Dios, acompáñame en este momento de oración.

LECTURAS DE HOY

Primera Lectura

Lectura del libro de Jeremías 17, 5-10

Esto dice el Señor:«Maldito quien confía en el hombre, y busca el apoyo de las criaturas, apartando su corazón del Señor.Será como cardo en la estepa, que nunca recibe la lluvia; habitará en un árido desierto, tierra salobre e inhóspita.Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza.Será un árbol plantado junto al agua, que alarga a la corriente sus raíces; no teme la llegada del estío, su follaje siempre está verde; en año de sequía no se inquieta, ni dejará por eso de dar fruto.Nada hay más falso y enfermo que el corazón: ¿quién lo conoce?Yo, el Señor, examino el corazón, sondeo el corazón de los hombres para pagar a cada cual su conducta según el fruto de sus acciones».

Palabra de Dios.

Te alabamos Señor.

Salmo Responsorial

Salmo 1, 1-2. 3. 4 y 6

R/. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor

Aclamación antes del Evangelio

R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Dichosos los que cumplen la palabra del Señor con un corazón bueno y sincero, y perseveran hasta dar fruto.

R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

EVANGELIO DEL DÍA

Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor

† Del santo Evangelio según san Lucas 16, 19-31

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: “Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y telas finas y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo, llamado Lázaro, yacía a la entrada de su casa, cubierto de llagas y ansiando llenarse con las sobras que caían de la mesa del rico. Y hasta los perros se acercaban a lamerle las llagas. Sucedió, pues, que murió el mendigo y los ángeles lo llevaron al seno de Abraham. Murió también el rico y lo enterraron. Estaba éste en el lugar de castigo, en medio de tormentos, cuando levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham y a Lázaro junto a él. Entonces grito: ‘Padre Abraham, ten piedad de mí. Manda a Lázaro que moje en agua la punta de su dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas’. Pero Abraham le contestó: ‘Hijo, recuerda que en tu vida recibiste bienes y Lázaro, en cambio, males. Por eso él goza ahora de consuelo, mientras que tú sufres tormentos. Además, entre ustedes y nosotros se abre un abismo inmenso, que nadie puede cruzar, ni hacia allá ni hacia acá’. El rico insistió: ‘Te ruego, entonces, padre Abraham, que mandes a Lázaro a mi casa, pues me quedan allá cinco hermanos, para que les advierta y no acaben también ellos en este lugar de tormentos’. Abraham le dijo: ‘Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen’. Pero el rico replicó: ‘No, padre Abraham. Si un muerto va a decírselo, entonces sí se arrepentirán’. Abraham repuso: ‘Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso, ni aunque resucite un muerto’”.

Palabra del Señor

Gloria a ti, Señor Jesús

REFLEXIONES DEL EVANGELIO

«Jesús advierte acerca del peligro de los bienes de la tierra. Sin embargo, Jesús no condena de modo absoluto la posesión de los bienes terrenos: más bien, nos apremia a recordar el doble mandamiento del amor a Dios y del amor al prójimo» (San Juan Pablo II)
«Siempre queda el peligro de que, a causa de un cerrarse cada vez más herméticamente a Cristo, los soberbios, los ricos y los poderosos acaben por condenarse a sí mismos a caer en el eterno abismo de soledad que es el infierno» (Francisco)
«En la multitud de seres humanos sin pan, sin techo, sin patria, hay que reconocer a Lázaro, el mendigo hambriento de la parábola. En dicha multitud hay que oír a Jesús que dice: ‘Cuanto dejasteis de hacer con uno de estos, también conmigo dejasteis de hacerlo’ (Mt 25,45)» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2.463)

PROPÓSITO DEL DÍA

Hoy voy a visitar a Jesús en la Eucaristía y estaré con Él en silencio unos minutos, para dejar que me llene de su amor para así crecer en la misericordia hacia los demás.

DESPEDIDA

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.

Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

Dios te bendiga.